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Negligencia veterinaria: ¿mala praxis o simple mala suerte?

Cuando un animal fallece o sufre secuelas tras pasar por una clínica, surge la duda: ¿hubo negligencia veterinaria o fue un infortunio clínico? En muchos casos, no hay un responsable directo. Aun así, entender las diferencias resulta esencial.

Por ello, para distinguir ambas situaciones, hay que revisar hechos, protocolos y documentación. Solo así es posible determinar si hubo mala praxis o simple mala suerte.

¿Qué es la negligencia veterinaria y cuándo puede hablarse de mala praxis?

Existe negligencia veterinaria cuando el profesional actúa por debajo del estándar exigible: falta de diligencia, técnicas inadecuadas o medios insuficientes. El veterinario no está obligado a curar, pero sí a poner todos los medios adecuados según el estado de la ciencia y el tipo de centro (consultorio, clínica u hospital).

Asimismo, en procedimientos electivos —como esterilización o castración— la exigencia es mayor: además de diligencia, se espera un resultado correcto. Errores en diagnóstico, técnica quirúrgica o tratamiento que causen muerte o secuelas pueden constituir mala praxis.

¿Cómo se diferencia la mala suerte de la negligencia veterinaria?

Por otro lado, la práctica clínica conlleva riesgo. De hecho, muchos incidentes ocurren en actos rutinarios. Cuando el daño era inevitable pese a actuar conforme a protocolo, hablamos de mala suerte. Si el daño era previsible o evitable con una actuación correcta, se acerca a negligencia veterinaria.

Pilares que reducen ese riesgo:

  • Prevención: establecer protocolos y rutinas de seguridad.
  • Organización impecable: seguimiento y registro de cada caso.
  • Sinceridad: ofrecer información completa y realista a los propietarios.

¿Qué obligaciones informativas y documentales tiene el veterinario?

Del mismo modo, el facultativo debe ofrecer información completa, veraz y comprensible, y recabar consentimiento informado.

Los historiales e informes han de ser claros y completos: diagnóstico, decisiones, actuaciones y profesionales implicados. Esta base documental resulta clave para acreditar buena práctica o detectar negligencia veterinaria.

¿Qué pasos seguir si sospechas negligencia veterinaria?

Cuando un propietario está disconforme con una actuación, puede interponer una denuncia ante el Colegio Oficial de Veterinarios del profesional o del lugar donde ocurrió el hecho.

Existen tres vías principales de reclamación:

1. Acciones disciplinarias:

La Junta de Gobierno del Colegio, tras el informe de la Comisión Deontológica, decidirá si abre expediente disciplinario. El denunciante es informado del inicio, pero no participa en el proceso.
El veterinario denunciado recibe todas las notificaciones y puede recurrir las decisiones.

2. Reclamación económica (responsabilidad civil):

Si el objetivo es obtener una indemnización por daños, el Colegio remite al denunciante a la jurisdicción civil. También informa al Consejo General para abrir expediente de responsabilidad civil y solicitar la documentación necesaria (ficha de siniestro e informe técnico).

3. Denuncias mixtas:

Cuando se reclaman tanto sanciones disciplinarias como compensaciones económicas, se siguen ambos procedimientos en paralelo.

¿Qué ocurre cuando hay un expediente de responsabilidad civil veterinaria?

Si la denuncia llega al Consejo, este la remite a la Correduría de Seguros (MSC), que la comunica a la aseguradora (AMA).

La compañía analiza el caso con apoyo de un perito veterinario especializado, que evalúa si existió o no mala praxis profesional.

  • Si no hay mala praxis:
    La aseguradora asume la defensa legal del veterinario, y el Colegio informa al denunciante de que puede acudir a la vía judicial si lo desea.
  • Si sí hay mala praxis:
    La aseguradora intenta llegar a un acuerdo económico (transacción) con el denunciante.
    Si se alcanza, se paga la indemnización y se cierra el caso.
    Si no, el denunciante puede acudir a los tribunales, donde el veterinario contará con defensa legal y peritaje técnico proporcionado por la organización colegial.

¿Cómo prevenir la negligencia en clínica veterinaria?

  • Protocolos de seguridad y checklist en cirugía y hospitalización.
  • Formación continua y revisión de casos.
  • Briefing preoperatorio y consentimiento informado específico.
  • Auditoría de historias clínicas y registros de incidencias.
  • Comunicación empática y expectativas realistas con la familia.

Conclusión: ética, prevención y rigor profesional

Distinguir mala suerte de negligencia veterinaria requiere método: protocolos, documentación y peritaje.

La práctica responsable, la transparencia y el respeto al bienestar animal protegen al paciente, al propietario y al profesional. Ante la duda, un informe pericial veterinario independiente aporta claridad y justicia.
En PERIVET defendemos la práctica responsable y el peritaje técnico como herramientas para una veterinaria justa y transparente, en la que la confianza entre propietario y veterinario sea el punto de partida, no el final.
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